sábado, 6 de noviembre de 2010

La Inmortalidad de MILAN KUNDERA

Frases que me gustaron del libro; "La Inmortalidad" de mi autor favorito Milan Kundera.

"Cuanto más indiferente es uno hacia la política, hacia los interesese de los demás, más obsesionado está con su propio rostro. Es el individualismo de nuestro tiempo" pág. 41

"Cuando estás enamorado de alguien, estás enamorado de su rostro y se convierte en un rostro que no se parece a ningún otro" pág. 42

"No soy abogado, soy poeta de la defensa" pág. 148

"Nunca sabremos por qué irritamos a la gente, que es lo que nos hace simpáticos, qué es lo que nos hace ridículos; nuestra propio imagen es nuestro mayor misterio" pág. 149

"El hombre no es más que su imagen. Los filósofos pueden decirnos que es irrelevante lo que el mundo piense de nosotros, que sólo vale lo que somos, pero los filósofos no comprenden nada" pág. 152

"Si nuestras vidas fueran infinitas como la vida de los dioses antiguos, el concepto de episodio perdería sentido, porque en lo infinito cualquier acontecimiento, aún el más insignificante, encontraría su consecuencia y se desarrollaría hasta formar una historia" pág. 361

"El amor es el remedio contra todos los malos augurios" pág. 365

3 comentarios:

Alex Choquemamani dijo...

muy buenos pensamientos Yui,

Miiz dijo...

Después, esta segunda etapa de la vida, el hombre es incapaz de apartar los ojos de su muerte , y luego, viene la más breve y misteriosa, de la que se sabe y se habla poco: La muerte está tan cerca que mirarla se vuelve aburrido.
Paráfrasis de "La inmortalidad", Milan Kundera, página 91

Miiz dijo...

El hombre cansado mira desde la ventana, mira la copa de los árboles y pronuncia para si sus nombres: castaño, álamo, arce. Y esos nombres son bellos como el ser mismo.
La inmortalidad es una ilusión ridicula, una palabra vacía, un viento atrapado en una red de mariposas, si la comparamos con la belleza del álamo al que el hombre cansado mira desde la ventana. Al cansado anciano la inmortalidad a no le interesa en lo absoluto.

Kundera, sobre Goethe, "La Inmortalidad", página 95